Radio Guadalupana

12 de Diciembre de 2017

¿No estoy yo aquí que soy tu madre?

Hermanos,

Con una profunda fe y una inmensa alegría y gozo estamos celebrando la fiesta de la virgencita de Guadalupe del Carrizal. Años tras año rebozamos de gozo en este día pues hemos descubierto el profundo amor y el maternal acompañamiento de nuestra querida Morenita del Carrizal.

Quisiera con todos ustedes recorrer y recordar la bella historia de esta devoción.

Nos cuenta la historia que los indígenas caquetíos, que se encontraban en una situación deplorable y angustiosa de esclavitud, decidieron emigrar desde las islas de Aruba y Curazao hasta tierra firme, llegando a las hermosas costas de Muaco, en búsqueda de la paz que anhelaban. Así se establecieron en estas tierras, viviendo de la caza, la siembra y la pesca. Como era habitual, todas las madrugadas, acostumbraban a peregrinar hacia las playas de Muaco y Taimataima, en búsqueda de los diferentes alimentos que les proporcionaba el mar. Por su mente nunca pasó la idea de que serían testigos del amor de Dios para con los pobres y necesitados. Así un día común y corriente, propio de la faena diaria, al despuntar la aurora, vieron a lo lejos un baúl que se movía al vaivén de las olas, cerca de unas piedras a orillas de la playa. Con mucha curiosidad toman el baúl y entre los objetos que hallaron, nada les impresionó más que en lienzo estampado con la hermosa imagen de una dama, engalanada con el sol, arropada con la más hermosa noche estrellada, vestida de follaje y la luna como pedestal de sus pies. Causa gran revuelo entre los habitantes de este caserío. Con el paso del tiempo, el sacerdote Don Pedro de Sangronis comienza la obra evangelizadora de estos indígenas y cuando estos le muestran el lienzo con la imagen de la dama, éste reconoce la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe y les  explica quién es esa dama hermosa.

En esta historia, como en la de México, encontramos que María se  presenta como la Madre de nuestro Salvador.

«Juanito: el más pequeño de mis hijos, yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive.

En la mitología griega encontramos una historia, que luego fue plasmada en una pintura y que nos narra cómo los dioses griegos se irritaron contra el sacerdote-príncipe Laocoonte y mandaron contra él y sus dos hijos dos enormes serpientes que se enroscaron a sus cuerpos hasta estrangularlos. La pintura refleja la angustia de estos hombres en su lucha desesperada contra el destino y la victoria de las serpientes, como en el caso bíblico que acabamos de escuchar. En esa narración y en ese cuadro se nos muestra todo el fatalismo pagano: el hombre nada puede contra su destino. Es la victoria del mal sobre el bien, de la muerte sobre la vida, de las serpientes sobre el hombre.

            Hoy, por el contrario, celebramos la realidad de María, vencedora de la serpiente. Es la victoria del bien, sobre el mal, de la vida sobre la muerte, de la mujer tenemos la realidad de María, vencedora de la serpiente. Es la victoria del bien sobre el mal, de la vida sobre la muerte, de la mujer sobre la serpiente.

            Laocoonte en la simbología griega y María aplastando la cabeza de la serpiente en la fe cristiana, son mucho más que hechos particulares. Son expresión de las alternativas victorias y derrotas del ser humano en su lucha con el mal, con el pecado. En la concepción de la mitología griega  es fatalismo; en la fe cristiana la victoria del mal es provisional. La victoria final pertenece al bien. La serpiente del paraíso sedujo con promesas de emancipación y sigue seduciendo con promesas de endiosamiento y paraísos imposibles. Su poder no es fanatismo inevitable, pero, demuestra que el hombre puede ser manipulado, engañado, decidir falsamente y morir. Esto lo vivimos cotidianamente. Siempre el diablo buscará como engañar al ser humano y conducirlo por los caminos del mal. Cada día son más sofisticadas sus artimañas. Pero, sabemos que al final tendremos la victoria si ponemos nuestra confianza en ese Salvador que María de Guadalupe concibió en su vientre.

La fe nos dice que hay por lo menos un ser humano que empezó su existencia en la luz y nunca ensombreció ese resplandor. Hubo alguien que se llenó de Dios sin perderlo, ni acapararlo en exclusiva para sí. Por una vez hubo alguien en quien todo fue bueno desde el principio y del que solo se pueden decir cosas buenas. En María la plenitud de la gracia se hizo acontecimiento en el mismo instante del comienzo de su existencia y nunca perdió ni malgastó ese don inicial. Es pureza de altura, sin contaminación alguna; blancura inmaculada de nieve no manchada; belleza sin tacha que se nos ofrece no como estatua fría aunque sea de mármol o marfil… sino en forma de ser humano con un corazón de madre. Esa es Nuestra Señora de Guadalupe bajo cuyo patrocinio vivimos todos los habitantes de este hermoso estado Falcón. Y siempre ella, , nos ha protegido con su gran amor maternal. Por eso, hoy, cantamos jubilosos las Maravillas que el Señor nos ha hecho a través de su Madre Santísima.

Pero, ella hoy también nos trae un mensaje que se expresa no solo en esta fiesta sino que también se ha expresado a través de las lecturas que hemos proclamado en esta Celebración Eucarística.

Como hemos visto anteriormente María es como un camino sin baches ni tropiezos, porque en ella no se dio pecado alguno por haber estado, desde su misma concepción “llena de gracia”, como nos dice el Evangelio. Y la Virgen fue además un camino sembrado de toda clase de virtudes. Hoy quisiera resaltar una: su fe.

La fe mas firme que haya habido en criatura alguna. “Bienaventurada tu porque has creído”, le dijo su prima Santa Isabel al recibir la visita de María que acude a atenderla y servirla. María así se constituye también la primera discípula que abre su corazón para recibir allí en lo mas profundo de su ser la Palabra de Dios. La Virgen fue capaz de creer lo mas inverosímil, lo que jamás había pasado por mente de criatura femenina alguna: que el Hijo de Dios iba a descender a su seno para pasar a ser, no solo Hijo de Dios, sino además hijo suyo. “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mi según tu Palabra.”

Hoy, esa virtud es una invitación y un modelo para cada uno de nosotros en esta sociedad tan falta de valores y tan llena de pecado. Hoy Nuestra Señora de Guadalupe nos invita, como lo hizo con los servidores en las bodas de Caná, “hagan lo que El les diga”, hagan lo que mi Hijo Jesucristo les dice. Hoy nos invita a ser humildes en nuestra vida, a no considerarnos mejores y superiores que los demás; a saber reconocer nuestros pecados, debilidades y deficiencias. Hoy nos invita a profundizar nuestra fe. A no poner nuestra fe y confianza en las cosas materiales, en el poder o en los placeres, sino solo en Dios nuestro Padre, que es el único camino a la felicidad. Hoy nos invita a ver nuestra historia con los ojos de la fe y a la luz del Evangelio. En una sociedad que ha desterrado de si misma a Dios, nos invita a hacer de Él nuestra Roca y Fortaleza.

Hoy la Virgen nos invita a tener esperanza; a esperar en ese Dios que como lo prometió estará con nosotros hasta el último día. A tener esperanza de que al final siempre vencerá el bien. En mundo donde también se nos ha robado la esperanza y donde muchos hermanos nuestros se quitan la vida por no encontrarle ningún sentido, María de Guadalupe nos invita a iluminar toda nuestra vida con la luz de su Hijo Jesucristo, Esperanza de todos los que en Él creen.

Hoy, la Morenita de Carrizal nos invita a vivir el gran mandamiento de su Hijo Jesucristo que nos amemos los unos a los otros como Él nos amó hasta entregar su vida por nosotros. Amor que se debe traducir en obras no solo de misericordia sino también de justicia. Nos invita a que vivamos la fraternidad, a que luchemos por un mundo mas justo y mas humano, donde desaparezcan las divisiones, las guerras, las injusticias, las exclusiones por raza, credo o nación. Donde ya no existan unos pocos que tienen mucho y muchos que tienen muy poco o nada. Que luchemos por la promoción de todos los seres humanos, sin divisiones partidistas o ideológicas. Basta de odios, rencores y divisiones. Trabajemos unidos, respetándonos los unos y los otros a pesar de nuestras diferencias ideológicas y luchando mancomunadamente por la construcción de una sociedad mejor, de una Venezuela mas justa, mas humana y mas fraterna. Hoy, nuestra celebración nos invita a vivir la fraternidad.

Finalmente, hoy la del Carrizal nos invita a no quedarnos cruzados de brazo, sino a cumplir la misión que el Señor nos encomendó a todos nosotros, los bautizados, evangelizadores, portadores de la Buena Nueva del Señor Jesús a todos nuestros hermanos y hermanas. Levantémonos y sin miedo salgamos por las plazas, calles, barrios y sectores de nuestra ciudad, de nuestra arquidiócesis, predicando que el Señor nos ama y nos invita a la conversión real del corazón para construir juntos una sociedad más de hermanos en un clima de justicia y paz.

            Fomentemos en nosotros este gozo grande de disponer de la Guadalupe como modelo. Alegrémonos de que la Madre de Cristo y madre nuestra, por serlo de nuestra Cabeza, fuera agraciada con todo don; de que fuera camino llano, abierto y bien dispuesto para Cristo; de que en ella florecieran y crecieran toda clase de virtudes y esforcémonos todos por tener algo de ese camino que es la Virgen.