Radio Guadalupana

Por Pbro. Yofran Chirinos

Es verdad que cada comienzo de año viene cargado de sueños y proyectos, unido a propósitos y deseos de cambios que se generan debido a los estados de ánimo, situación que se vive con las experiencias compartidas y logros alcanzados. Pero cuando el panorama que se ve en el mundo y particularmente en el país es contrario a lo que desearíamos estar viviendo, cuando escasean los artículos de primera necesidad y los pocos recursos con lo que se cuenta para conseguirlos, es posible que sean muchas las personas que ante este lamentable situación se sientan con desanimo, por considerar tal vez que muchos de los problemas que estamos enfrentando como nación no tengan soluciones aparentes y que por lo general han perdurado en el tiempo y esto puede conducir a que se pierda muy rápido el interés en continuar.

Son profundos retos para todos  los ciudadanos que hemos nacido, crecido y trabajado por esta querida Patria, porque la invitación es a que nos dispongamos con optimismo y fe en Dios quien todo lo puede, para que en un espíritu de comunión asumamos el compromiso de luchar por una Venezuela para todos, en igualdad de condiciones, haciendo cada uno en su ambiente de trabajo un espacio que de signos de esperanza y testimonio de coherencia aportando con sabiduría y discernimiento respuestas ante los cambios que el próximo año que se avecina ya los ha vislumbrado en cuanto a la pandemia, el alto costo de la vida, el problema de los servicios públicos, entre otros. Otro de los retos esta en dar seguimiento a los planes y proyectos que se desean y así no se pierda el interés, sino que se logre alcanzar la realización de cada deseo bueno en la vida. Otro reto seria evitar dejar inconcluso estos deseos  y propósitos de comienzo de año, con lo cual se estaría evitando caer en frustraciones, desánimos, que terminan en actos de indiferencia.

Acudamos como una sola familia ante la presencia del niño Jesús, quien trajo consigo el cumplimiento de la promesa de Dios convertida en esperanza para todos los pueblos que anhelaban se cumplieran las profecías del nacimiento del Mesías, el Señor, el Liberador del pueblo de Dios, que hoy es la Iglesia Católica. Estas Navidades que compartimos a pesar de tener un tinte adicional por la pandemia que nos ha venido afectando duramente, con el confinamiento, el distanciamiento social al que hemos sido sometidos y la dura situación que se vive en el país, puede conducir a muchos a un desaliento por las cosas que ya no se pueden conseguir.  Sin embargo no debemos olvidar que Venezuela ha sido una gran nación de personas solidarias, esforzadas y mayoritariamente católica, lo que nos compromete aún más a dar muestras de esperanza de un pueblo que no se rinde, que se identifica por la lucha y la constancia.

Les exhorto a no concebir la esperanza como un simple deseo de las personas en lograr sus sueños, aspiraciones y proyectos, porque quizá esto sea lo que normalmente aparece en el ambiente, donde cada uno se hace individualmente sus propios planes en pretender alcanzar como si fuera un mero interés personal, cuando la invitación es a considerar a los demás dentro de un ritmo donde se puede ver al otro como parte de uno mismo. Cuando buscamos unir los esfuerzos con esperanza en el llamado por el deber del cristiano, es cuando muy posiblemente algunos pudieran caer en no tomar con seriedad muchos de los compromisos que asumimos con ilusión al comienzo de cada año.

El consejo seria, que para lograr llevar a cabo las tareas que nos asignamos libremente al principio del Nuevo Año en base a las distintas ocupaciones, responsabilidades, compromisos, que bien pueden ser desde el punto de vista laboral, profesional, familiar y religioso. Son asuntos muy serios porque tienen que ver con el bienestar en todos los ámbitos del quehacer humano. Lo que favorece el rendimiento y éxitos, que a su vez traerán aciertos y desaciertos, debido a que se está buscando un beneficio que aporte de lo personal y se abre al bien común. Por consiguiente vale la pena hacer el esfuerzo.

Todo proyecto aunque sea corto o de larga duración, debería estar fijado en la búsqueda del bien para todos, en una toma de conciencia por descubrir las necesidades de los otros, y esto requiere de un camino que se debe andar junto a los demás comenzando por los más cercanos, en la familia, amigos, colegas, como la experiencia de los discípulos camino de Emaús, a quién luego se les une el mismo Jesús ya resucitado. Quien les anima a compartir la alegría del evangelio de quien ha podido vencer la fuerza del pecado y la muerte (Lc 24, 1-32). Tenemos que dejarnos ayudar de Dios y de los demás, nadie vino a este mundo por cuenta propia, solo Dios es quien escoge una familia para darnos a conocer su plan de salvífico y que todos lo conozcan para que podamos ir hasta Él y conseguir la salvación de la humanidad.

Por eso es que cada inicio del Nuevo Año, la esperanza del cristiano (a) debe estar enmarcada en dejarnos ayudar de Dios y de los hermanos, siendo cada vez más conscientes que hemos venido a esta mundo a cumplir una misión como lo hizo el mismo Jesús. Y esa misión no se debe dejar de lado cuando este mundo esta tan urgido de cambios: sociales, culturales, económicos, políticos, religiosos, familiares, entre otros. Cambios que no se pueden dar al azar, hoy un signo visible y urgente en la humanidad es el llamado de Dios en que todos seamos uno (Jn 17,11-26). El otro signo es el espíritu de comunión que vivieron las primeras comunidades de creyentes, el cual surtió rápidamente un efecto contundente, puesto que la mirada y acciones no se quedaron entre los más cercanos, sino que se extendió a todos, por igualdad de condiciones y de ahí que nadie pasaba necesidades (Hecho 2, 42-47). El sentido de corresponsabilidad que supera la individualidad y el egoísmo tiene que estar supeditado para que surja una dimensión más humana y fraterna en nuestra Venezuela y el mundo. Deseo de todo corazón que este año 2021 nos traiga paz, unidad y reconciliación para Venezuela y el mundo, ¡Feliz Año Nuevo para todos!