Radio Guadalupana

Después de un tiempo de ausencia vuelvo con estas reflexiones y quiero desearles a mis lectores un año 2021 lleno de muchas bendiciones de Dios Nuestro Padre y que la Morenita del Carrizal les acompañe con su amor y protección.

Y quisiera comenzar esta primera reflexión del 2021 con una pequeña situación que viví en estos días pasados. Un amigo me preguntó qué pensaba yo acerca de una posición política que corre por todas las redes sociales y que inquieta algo cuando nos detenemos a pensar en ella. Son muchos los que nos hablan del Nuevo Orden Mundial y citan personas que lo están impulsando: Soro, Bill Gate, etc. Una posición política que pretende reducir la población, controlar la economía, acabar con las culturas nacionales, etc. y para eso hay que acabar con la familia, la religión y las culturas autóctonas. Todo esto con el fin de tener un poder único que gobierne al mundo entero. Y entonces algunos llegan incluso a acusar al Papa Francisco de ser propulsor de esta idea.

Mi respuesta fue ésta: yo no tengo un conocimiento completo y objetivo de lo que se afirma en esas noticias, a pesar de que sí me consta que existe todo un movimiento para aniquilar el concepto de familia y a la misma familia y que el principal ataque es contra la Iglesia Católica, considerada como un fuerte obstáculo para lograr los objetivos que se persiguen.

También me consta que todos los ataques que se le hacen al Santo Padre son totalmente falsos. El Papa Francisco lo único que trata es de vivir y anunciar la Buena Noticia que nos dejó Jesús de Nazaret. Si analizamos su pensamiento nos daremos cuenta que en él siempre encontraremos una base única: el Evangelio.

El Papa Francisco plasmó su mensaje evangélico sobre la fraternidad humana en la encíclica “Fratelli Tutti”. Una idea de fraternidad que no fue inventada por el Santo Padre, sino que fue el único mandamiento que el Señor Jesús nos dejó en el Evangelio.

Esta propuesta de una fraternidad universal tiene como fundamento el hecho de que todos los seres humanos somos hijos de Dios y, por lo tanto, hermanos unos de otros. Dios nos ha creado y nos ha creado para que vivamos en comunión con Él y entre nosotros. Y estos nos plantea retos que nos obligan a asumir nuevas perspectivas y a desarrollar nuevas reacciones (FT 128). Sin una apertura al Padre de todos, no habrá razones sólidas y estables para el llamado a la fraternidad (FT 272).

Algo que es esencial para lograr esta fraternidad, nos dice el Papa Francisco, es percibir cuánto vale un ser humano, cuánto vale una persona, siempre y en cualquier circunstancia (FT 106). Es importante que comprendamos que hay que amar al otro por ser quien es, ya que solo cultivando esa forma de relacionarnos será posible lograr la amistad social que no excluye a nadie y nos permite lograr la fraternidad abierta a todos (FT 94).

Cuando habla el Santo Padre de “fraternidad universal” no la identifica como un simple irenismo o una ausencia de conflictos. En la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 226 el Papa Francisco dice: “El conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Pero si quedamos atrapados en él, perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada. Cuando nos detenemos en la coyuntura conflictiva, perdemos el sentido de la unidad profunda de la realidad.”

A continuación, afirma que la mejor manera de situarse ante el conflicto “Es aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso.” (EG 227) Y en el siguiente número nos dice: “De este modo, se hace posible desarrollar una comunión en las diferencias, que sólo pueden facilitar esas grandes personas que se animan a ir más allá de la superficie conflictiva y miran a los demás en su dignidad más profunda.” (EG 228) Y nos recuerda que “la unidad es superior al conflicto”

Alguno puede decir que todo lo anteriormente expuesto está bien para los católicos, pero, y las personas de otras religiones ¿qué? También el Papa Francisco afirma: “las religiones no incitan nunca a la guerra y no instan a sentimientos de odio, hostilidad, extremismo, ni invitan a la violencia o al derramamiento de sangre. Estas desgracias son fruto de la desviación de las enseñanzas religiosas, del uso político de las religiones y también de las interpretaciones de grupos religiosos que han abusado —en algunas fases de la historia— de la influencia del sentimiento religioso en los corazones de los hombres. […] En efecto, Dios, el Omnipotente, no necesita ser defendido por nadie y no desea que su nombre sea usado para aterrorizar a la gente»[284]. (FT 285)

A partir de este pensamiento del Papa Francisco y a una invitación que le formulo a la ONU, este año fue decretado el 4 de febrero como el día Internacional de la Fraternidad Humana.

Por Monseñor Mariano Parra Sandoval