Radio Guadalupana

Cuando era un niño mi madre siempre me decía “recuerda dar las gracias“ cuando una persona me hacía un favor o un agrado, hoy en día sigo escuchando a otros padres repetir esas mismas palabras a sus hijos, pues agradecer es un valor que se aprende en familia y mientras más temprana sea la edad que comencemos a cultivarlo más rápido entenderemos que a través de pequeños gestos podremos alcanzar grandes satisfacciones.

A medida que nos hacemos adultos,  nos vamos convenciendo que se trata de una virtud que va más allá de ser una muestra de buena educación y respeto. Decir “gracias» por muy insignificante que parezca es una virtud que engrandece todo y nos proporciona muchas cosas primordiales que nos permiten alcanzar la felicidad. Sino agradecemos lo que somos, lo que recibimos y lo que tenemos, viviremos insatisfechos con la vida.

Es importante tener conciencia que el mundo no está rendido a nuestros pies y empezar a darle valor a todas las cosas que tenemos y que muchas veces pasan desapercibidas ante nuestros ojos, agradecer por la vida, por despertar cada mañana, por la familia,  por los estudios, por el trabajo, por los alimentos, por las personas que nos rodean y con quienes tenemos la posibilidad de compartir, por aprender…son tantas cosas que damos por sentado que nos pertenecen y creemos que siempre estarán ahí, pero en realidad no es así, y por eso tenemos que agradecer por cada una de ellas y darles su merecido valor.

El pasado mes de diciembre durante la última audiencia general del año, el papa Francisco se centró en el tema de la gratitud y recordó el pasaje del Evangelio de San Lucas (17, 11-19), en el cual díez leprosos se acercaron a Jesús para ser curados y sólo uno volvió a agradecérselo. El papa expresaba que está situación nos pone en dos planos; “quien no da las gracias y quien da las gracias, quien toma todo como si se le debe, y quien acoge todo como don, como gracia“.

“Vivir agradecidos con lo mucho o poco que tengamos es un buen ejercicio para el alma y nos invita a salir de la distracción de quedarnos en nosotros mismos, ya que esto último nos lleva a una ceguera selectiva que nubla la vista de las cosas maravillosas y pequeñas que nos rodean y que llenan de sentido la vida” (Papa Francisco, audiencia general,  Diciembre 2020).

Ser agradecidos nos lleva a tomar conciencia del lugar que ocupamos ante Dios y los hombres y a reconocer lo que hemos recibido de manera gratuita. También implica tener generosidad para cultivar y hacer crecer esos dones que se nos han dado para ponerlos al servicio de los demás.

Ser agradecidos es saber valorar el sacrificio y esfuerzo que en algún momento hicieron nuestros padres, abuelos y quienes nos aman para darnos lo que necesitábamos (y que en muchos casos después de adultos aún lo siguen haciendo).

Ser agradecidos es tener la capacidad de fijarse más en lo bueno de las cosas y de las personas, no lamentarnos por lo que no tenemos o somos, sino hacer todo el esfuerzo posible para ser mejores y desarrollar al máximo todo lo bueno que somos y tenemos.

Hagamos de la gratitud un hábito en nuestras vidas,  tratemos de ver lo bueno por encima de las circunstancias, evitemos encerrarnos en nosotros mismos, proyectemos la mirada más allá de lo evidente y aprendamos a decir gracias con una sonrisa que nos haga portadores de alegría y bienestar.

Siempre tendremos motivos para agradecer y nunca será tarde para decir gracias…gracias mamá, gracias papá, gracias hija, gracias abuela, gracias amigo, gracias colega y sobre todo gracias Dios!

Edixon Pacheco