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La inspiración de Dios al crear el mundo, vino dada de su amor inmenso a la humanidad, quiso darle al hombre una mujer y a ella un compañero para que juntos fueran uno, y así materializaran el proyecto de familia que el Señor desea reine en todas las sociedades. La expansión del mensaje salvífico se debe, en gran parte, a la concepción de familia que se promueve desde la Iglesia Universal; principal núcleo familiar de muchos fieles que, dejándolo todo, siguen el camino de esperanza que el Resucitado les ha ofrecido.

La base de toda familia debe ser el amor de Dios, que debe reinar en sus corazones para impulsarlos a actuar de acuerdo al modelo de la Sagrada Familia de Nazaret, quienes en medio de las dificultades, supieron salir adelante bajo el amparo del Altísimo. Esta es la filosofía de vida que han adoptado los protagonistas de la historia de hoy.

Javier González y Ángela Jordán, junto a los pequeños Sarahí Guadalupe y Juan Pablo, forman la familia González Jordán, quienes están consagrados al Señor en fidelidad y servicio. Su historia de amor se resume a un llamado, a una invitación, a un toque de puerta en el que, al abrir, todo comenzó a ser diferente. Como obra perfecta de Dios, Javier llega a la casa de Ángela por sugerencia de una feligrés, para proponerle participe en el viacrucis viviente que preparaba el grupo juvenil de su parroquia, propuesta que aceptó y que, sin duda alguna, sería el primer “sí” de muchos que vendrían más adelante.

Entre ensayos y miradas, el sentimiento de atracción fue creciendo y, aunque luego del viacrucis no volvieron a encontrase en largo tiempo, ambos pedían al Señor volverse a ver; ella frente al Santísimo y él desde un campamento Juvenil. Dios obró y permitió que volviesen a cruzarse, desde entonces sus líneas comenzaron a escribirse. Fue amor a primera vista, un sentimiento que hasta ahora permanece con bellos frutos, nacidos de la unión auténtica que vino dada de la bendición de Dios, de esa manera llegó el “sí” del noviazgo y luego el gran “sí para toda la vida”.

Cuando una pareja se promete uno al otro estar en las buenas y en las no tan buenas, quizás no tienen conciencia de la significación y el impacto que esta promesa tiene en quienes deciden compartirlo todo en matrimonio. El “sí” no solo viene cargado de alegrías, también trae consigo dificultades, y es cuando se comienza a caer en cuenta cuán importante es estar el uno para el otro. Javier y Ángela, como es natural, deseaban tener hijos, y con este deseo llegaron las pruebas de fe, no lograban concebir, viviendo esta dura historia por cinco años. Años en los que, en muchas ocasiones, redundaba la interrogante ¿Por qué a mí? ¿Por qué yo? La frustración, la impaciencia, la desesperanza, la culpa y el reclamo se apoderaron del pensamiento y la vida de este joven matrimonio, pero Dios dispone de todas las cosas para el bien de quienes le aman, y llegó lo que tanto esperaban.

Un año antes de concebir, dejaron todo en manos de Dios, y con ayuda de la Virgen de Guadalupe, se abandonaron en sus brazos y dejaron que él actuara sobre ellos, fue así como llegó a la vida de estos jóvenes la niña Sarahí Guadalupe, por lo que todo comenzó a marchar bien, hasta que llegó la siguiente prueba de fe: una vez embarazada, a Ángela se le activa la bacteria de toxoplasmosis, la cual podía afectar contundentemente al bebé, dañar el celebro, la vista y causar muerte súbita. Sin duda, una dura prueba, pero ya estaban preparados, ya conocían como trabajaba el Señor en estos casos, así que se abandonaron en él y comenzaron la lucha por superar esta nueva prueba. Con fe y convicción logrando tener a su niña totalmente sana y hoy en día tiene ya cinco años de edad; fuerte, carismática y acompañada por su padres que en ella ven la muestra fiel de que los milagros existen.

No obstante, la bendición no quedó allí, años más tarde llega Juan Pablo, el segundo de los hijos de Javier y Ángela, con el que también tuvieron que sufrir lo mismo, la bacteria se volvió a activar, cosa que suele ser inusual, pero esta vez la prueba no era solo la condición médica, sino cumplir y conseguir el tratamiento, pues en plena crisis económica en Venezuela, se hizo cuesta arriba gestionar los medicamentos, por lo que no alcanzaron a cubrir todo el embarazo, sin embargo, la fe fue el motor que movió sus corazones, la cual nunca menguó ante a las adversidades y, con éxito, nació este niño que hasta ahora tiene 2 años de edad, quien les han enseñado que el don de la paciencia se cultiva en las grandes dificultades.

La familia González Jordán, es ya hoy una familia constituida, aunque las pruebas no han cesado, ellos están capacitados para hacerles frente, porque han comprendido el propósito de Dios con cada una de estas batallas, tanto que han querido dar testimonio de fe y hacer que otras familias tengan un espacio para la formación, la oración y la común unión entre sus miembros,  razón por lo cual han conformado la Comunidad de Familias de Nazaret de la parroquia Jesús el Buen Pastor, proyecto que fue madurando con el tiempo y hoy ya son once familias que promueven el sentido profundo de la Iglesia Doméstica, concibiéndolo como la principal fuente de amor que puede transformar una sociedad, afirmando que si la familia está bien toda la humanidad lo estará.

En efecto, la vida en Cristo no es fácil, si lo fuese no se le diese tanto valor a las maravillas que él hace en quienes les siguen y sirven con amor. Esta familia es evidencia de que la fe no hace las cosas sencillas, sino posibles una vez hayan entendido que el Poderoso obra perfectamente según su voluntad y la necesidad de sus hijos. Ante la pregunta de si tuviesen que elegir que uno de los dos fuese proclamado santo, cuál sería su decisión, ellos respondieron contundentemente con una frase del San Juan Pablo II: “Soñamos con ver llegar familias enteras a los altares”, una visión clara de que la concepción del matrimonio es hacerse uno solo para sí mismos y para sus hijos, quienes resultan ser el fruto del amor de una unión tan maravillosa como la de la familia González Jordán, que, sin duda, es una historia que inspira.

Redacción José Alberto Morillo

Prensa Arquidiócesis de Coro

12 de junio de 2021