Radio Guadalupana Online

Una expresión clamorosa que escuchamos con mucha frecuencia en estos días es: “Aquí encerrado en mi casa”. Normalmente queremos expresar con eso el malestar que sentimos al no poder salir y socializar con otras personas. Vivimos una cuarentena forzada por la circunstancia del virus que nos ataca.

Sin embargo, considero que ésta es una oportunidad para reflexionar sobre el estilo de vida que íbamos llevando antes de la aparición del COVID 19. Y desde el punto de vista de la fe es un “signo de los tiempos” que debemos leer desde la óptica de lo que Dios nos quiere comunicar. El Señor nos invita en el Evangelio a estar pendientes de estos signos que nos trasmiten un llamado de Dios a reflexionar y descubrir cuál es su voluntad.

En mi segunda carta pastoral, que acabo de publicar, invito a todos los católicos de nuestra Iglesia Arquidiocesana a dedicar un año de reflexión sobre la familia como “Iglesia doméstica”. Por esta razón quisiera dedicar varios artículos, en estos domingos que vienen, a reflexionar sobre un tema muy importante como es la familia. Y en ellos tendré muy en cuenta la Palabra de Dios y la Exhortación Apostólica Postsinodal “Amoris Lætitia”.

El Papa Francisco en el número 5 de la introducción de esta exhortación nos comunica el contenido de la propuesta del documento: “la entiendo como una propuesta para las familias cristianas, que las estimule a valorar los dones del matrimonio y de la familia, y a sostener un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia. En segundo lugar, porque procura alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo.”

Y en mi carta pastoral afirmo: “Una de las muchas enseñanzas que podemos sacar de estas realidades que nos ha tocado vivir, es que las actividades multitudinarias se han tenido que suprimir para evitar el contagio del Covid 19, lo cual ha llevado a que las familias puedan compartir más tiempo en comunión familiar. Ellas, en este tiempo de cuarentena, tienen una hermosísima oportunidad de relacionarse con mayor profundidad. Este es un momento muy especial para redescubrir cómo la unión enriquece inagotablemente la vida familiar.”

Es decir, es un momento muy propicio para reflexionar y profundizar en esa hermosa realidad de la familia, pues ésta ha sufrido en los últimos tiempos muchos ataques. Hay en la sociedad del mundo entero. toda una campaña para destruirla. Se le ha atacado, algunas veces de manera muy sutil y se han difundido ideas que la han ido destruyendo lentamente. Y, hoy, en medio de esta pandemia se nos presenta una gran oportunidad, como dice el Papa Francisco, de fortalecerla.

Es una gran oportunidad para que cada uno de nosotros “se sienta llamado a cuidar con amor la vida de las familias, porque ellas «no son un problema, son principalmente una oportunidad» (Cf. AL 7)

El matrimonio es un regalo del Señor (cf. 1 Co 7,7). Desde la misma creación Dios creó al hombre y a la mujer y los llamó a unirse para continuar la obra por Él comenzada. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: “»La íntima comunidad de vida y amor conyugal, está fundada por el Creador y provista de leyes propias. […] El mismo Dios […] es el autor del matrimonio» (GS 48,1). La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano del Creador. El matrimonio no es una institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes y permanente.” (1603)

El matrimonio y la familia están arraigados en el corazón de cada ser humano. Por nuestra propia naturaleza, todos nosotros necesitamos una familia para poder desarrollarnos y crecer como persona, no solo desde el punto de vista físico sino, principalmente, en nuestra dimensión afectiva y psicológica. «La salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar» (GS 47,1).

“Dios que ha creado al hombre por amor, lo ha llamado también al amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano. Porque el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,2), que es Amor (cf 1 Jn 4,8.16). Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre.” (Catecismo de la Iglesia Católica 1604).

+ Mariano José Parra Sandoval