Radio Guadalupana Online

La cuaresma es un tiempo que nos invita a reflexionar sobre nuestra vida cristiana, nos invita a revisar cómo ha sido nuestro actuar frente al prójimo y cómo hemos respondido ante nuestras responsabilidades y compromisos, es un tiempo para decidir cambiar, es un tiempo de renovación, de cuestionar las convicciones que hasta ahora han orientado nuestra vida, es tiempo de reinventarnos a la luz de los principios cristianos y asumir un proceso de conversión que nos conduzca a llevar una vida de santidad desde la cotidianidad. Ser santos no es un privilegio para algunos, es una oferta para todos; La cuaresma nos ofrece la posibilidad de prepararnos para darle a nuestra vida un toque de santidad, pero, ¿de qué se trata la santidad desde la cotidianidad?

La noción de santidad que tradicionalmente hemos tenido desde nuestras familias y especialmente desde nuestras abuelas, así como desde la misma tradición de la iglesia, se refiere a aquellas personas que ya están en el cielo y a quienes se les atribuye la facultad de interceder ante el Señor por la petición de un milagro y de haber tenido una vida sencilla y austera. Muchas veces nos creamos una imagen que nos hace ver a los santos como seres fuera de esta realidad humana, cuando en realidad han sido personas profundamente humanas, que han enraizado en su fe a través de la oración y el servicio generoso , siendo la experiencia personal la clave para testimoniar la santidad en su vida cotidiana, en ese sentido el documento de Aparecida sostiene que “En el lenguaje testimonial podemos encontrar un punto de contacto con las personas que componen la sociedad y de ellas entre sí.”

Por otra parte, los santos se describen como personas con virtudes excelsas que sirven de modelos a la sociedad donde viven, se distinguen por su amor a Dios, por su permanente oración y por el amor al prójimo, traducido en auténtico servicio, prevaleciendo en ellos valores como la humildad, la solidaridad, la disponibilidad y la tolerancia. Todos estamos llamados a llevar una vida en santidad desde lo cotidiano, desde el compromiso existencial, desde el “nosotros”, es decir: en la familia, en los grupos sociales, en los ambientes de trabajo.

Ahora bien, frente a esa noción fundada en la tradición popular emerge en la actualidad la necesidad de cultivar un estilo de vida en santidad, que se desenvuelva en el sabor de la cotidianidad y que vaya dando respuesta a las distintas situaciones que se presentan en la compleja y dinámica realidad de hoy. Una vida en santidad, no está reñida con las exigencias del día a día, con las preocupaciones y ocupaciones que demanda ser hombre o mujer de este tiempo, por el contrario, la santidad exige enfrentarse con valentía y lucidez cristiana a las cuestiones que demanda la actual realidad, exige capacidad de discernimiento y de actitud crítica que nos permita hacer lectura de la cotidianidad desde una visión evangélica, con el propósito de romper con aquello que nos ata a las tentaciones y a los vicios modernos.

Así que la santidad, en y para la cotidianidad, exige dar testimonio de una vida cultivada y desenvuelta en valores, capaz de sentir profundo amor por el prójimo, especialmente por los más necesitados, no sólo los necesitados de lo material, sino de aquellos que necesitan ser comprendidos, orientados, animados, valorados y acompañados en alguna situación. La santidad en y para la cotidianidad exige que la persona sea signo de vida cristiana, sea ejemplo a seguir en el amor, en el servicio, en la humildad, la tolerancia, de tal modo que se cumpla el mandato bíblico “Brille vuestra luz delante de los hombres, de modo que, al ver vuestras buenas obras, den gloria al padre que está en los cielos”(Mt5,16).

Ser santo en este tiempo, constituye un gran reto y como tal debe lograrse desde la práctica profunda de la fe, no basta sentir y decir que se tiene fe, es necesario acompañarla con obras de misericordia. La santidad no es silenciarse o alejarse de la dinámica de la cotidianidad, es integrarse a ella de modo crítico, comprendiéndola desde una mirada evangélica, con deseos de transformarla desde la práctica del amor y la justicia. El papa Francisco nos habla de esa santidad en este tiempo, nos dice que el santo de hoy desarrolla su santidad en sus ambientes, va al mercado, comparte una pizza, se divierte sanamente con amigos, anda en ropa deportiva, va a fiestas y comparte la alegría, de modo que la santidad se desarrolla en la cotidianidad y para la cotidianidad como signo de Cristo presente en la vida.

Sirva y aprovechemos este tiempo de cuaresma para revisar nuestra vida desde ese llamado a la santidad, en la que no se trata de hacer cosas extraordinarias, sino de llevar una vida centrada y ligada a Cristo en el calor del diario vivir “teniendo conciencia de la gran responsabilidad personal de ser santo” y poner en práctica lo que se lee en el documento del Concilio Plenario de Venezuela “Los laicos deben considerar las actividades de la vida cotidiana ocasión de unión con Dios y cumplimiento de su voluntad, así como de servicio a los demás hombres”.

Redacción: Moisés Chirinos
Prensa Arquidiócesis de Coro
19 de marzo de 2022