Radio Guadalupana

Una vez escuché una frase muy particular “Ser diferente es algo común”, y aunque la misma está cargada de total autenticidad, parece que la sociedad, en su mayoría, no es capaz de entender esto, a pesar de querer siempre hacer cosas nuevas y distintas, en el fondo pareciera existir un deseo profundo de que todos sigan el mismo patrón; por tanto, marcar la diferencia debe ser un hecho natural, es decir, lo común en verdad es que cada quien vive una realidad distinta y la cual, probablemente, condiciona su forma de ser.


En este sentido, rebelde, irreverente, arriesgado, pueden ser cualidades que marcan una diferencia total, y según las vivencias particulares dejamos que ciertas actitudes originen una personalidad única, como en el caso de José Daniel Escalona Pérez, Presbítero, quien con una particular forma de ser ha marcado un hito en las maneras de ver el sacerdocio, sin dejar de ser exigente, sin olvidar el fin último de su ministerio y sin dejar de ser él mismo de acuerdo al cambio ontológico que atravesó una vez se consagró al orden sacerdotal.
Nació en Caracas, Venezuela, y su niñez la vivió en barreadas y rodeado de ciertos ambientes difíciles, pero en medio de una familia centrada y estricta, sin embargo, gran parte de su vida la desarrolla en el estado Falcón, pues a los 12 años llega a la población de Mirimire y desde entonces comenzó a descubrir, aprender y sentir las señales del amor de Dios. Es el tercero de tres hermanos, y desde niño le gustaban los asuntos de la Iglesia; fue su anhelo ser sacerdote, “el ideal de José Daniel era ser sacerdote” afirmó este joven Cura, párroco en este momento de la comunidad de San Francisco de Asís de Santa Cruz de Bucaral.


Aunque asistía con frecuencia a la Iglesia, no pertenecía a ningún servicio ni grupo de apostolado, no obstante, siempre tuvo inquietud de aprender a tocar guitarra, y de ahí viene su inclinación por la música. Al llegar a Mirimire, asegura que hubo como un divorcio con la Iglesia, en gran parte por la distancia de su casa del templo, y estuvo un tiempo sin asistir a Misa, pero es gracias a una tía que buscó integrarlo a la catequesis cuando éste tenía 17 años luego de tres intentos para hacer la primera comunión, uno por miedos, otros por situaciones externas, ya había desistido en la idea de recibir el sacramento; finalmente lo integran al proceso catequético y su primera comunión fue sencilla, se levantó como cualquier feligrés y recibió el Cuerpo y la Sangre de Cristo, sin tantos obstáculos como los había tenido antes.

Sobre su llamado vocacional.

Gracias a la catequesis entra a servir con más ahínco en la Iglesia, por lo que el párroco para ese momento, Pbro. Erwin Juliao, lo anima a tomar un curso de guitarra, del cual sólo recibió dos clases, se aferró a lo aprendido y de una forma empírica comenzó a tocar en las Misas y cantarle al Señor, y así el mismo Cura de la comunidad lo invita a acompañarlo a las comunidades y es donde comienza sentir la inquietud vocacional hacia el sacerdocio, inician sus dudas, sus anhelos de niños vuelven, pero no es sino hasta que el párroco hace la invitación a los centros vocacionales del seminario, y de una forma muy particular los toma, sin antes seguirle la corriente a sus amigos, quienes cuestionaban la invitación del párroco, pero en el fondo él tenía las ganas de asistir.


Inicia su proceso en los centros vocacionales, y el 10 de septiembre de 2006 ingresa al Seminario Mayor San Ignacio de Antioquía de Coro, en el cual fortalece su don y pasión por la música al ser designado como responsable de la parte musical para las liturgias preparadas desde la casa de formación, esto en ausencia del antiguo encargado. Con ayuda del prof. Víctor Martínez, quien también había ingresado a la experiencia vocacional, perfecciona la técnica musical y comienza a darle su toque y estilo propio a las celebraciones litúrgicas desde esta parte. Hace lo mismo al ingresar al seminario de Valencia cuando le correspondió estudiar la teología, y renovó las formas de hacer música para Dios, categorizándolo como rebelde y perspicaz por parte de los padres rectores.


El 15 de agosto de 2015 se ordena sacerdote en la Catedral Basílica Menor Santa Ana, el 29 de agosto de ese mismo año llega a la parroquia San Francisco de Asís de Santa Cruz de Bucaral como Vicario, para apoyar el trabajo pastoral del para entonces párroco de esta comunidad Pbro. José Vicente Núñez. Menciona que tiene muy vagos recuerdos de su ordenación, pues por los nervios la mente estaba enfocada únicamente en el momento de la postración en la que, además, pensaba: “¿Quién soy yo para merecer tan maravilloso don?” y esto ha sido un sentir en todo su comino como sacerdote, afirma.

El lado humano de José Daniel Escalona.

El “Mons. Bozo chiquito” como lo denominan los fieles de su parroquia por su carácter, haciendo referencia a este famoso pastor de la Iglesia que desarrolló su labor pastoral en esta jurisdicción eclesiástica por décadas, mencionó: “de las cosas que Dios me ha regalado como sacerdote, la música es la más especial, porque con la música me expreso más, por eso en las prédicas sale un canto siempre”, por tanto, quienes le conocen saben que desde este particular don el Padre José Daniel puede esbozar el sentido mismo del evangelio hecho música.


De su personalidad, afirma: “uno de mis mayores enemigos es mi carácter”, aunque asegura que trata de disciplinarlo y practicar la prudencia y la templanza, para que las personas no sólo vean su lado negativo; sin embargo, mantiene su máxima de “las cosas se hacen bien o no se hacen”, de ahí que muchos lo denominen como exigente y hasta malhumorado, pero también ha tenido la capacidad para reconocer sus errores y pedir perdón por ello.


Se define como un sacerdote que escucha, que comprende y comparte con la gente. Sabe que tiende a ser poco afectivo, asegura que es debido a la crianza familiar, pero gracias a la experiencia sacerdotal ha ido abriéndose más al afecto de la gente y principalmente a su apoyo y colaboración. Es el sacerdote que hasta los otras denominaciones cristianas escuchan, pues los comentarios señalan que sus prédicas siempre son interesantes y traen consigo un sentido de unidad y universalidad que sirve para todos por igual. Es amante de la puntualidad, le gusta trabajar por su parroquia y por eso se dedica fuertemente a ello.


En cuanto a su apariencia física muy jovial y distinta a lo comúnmente visto de un sacerdote, respondió: “tienes que mostrarte como tú te sientas bien y no vivir de las apariencias”, pues es un Cura de usar cabello largo, franelas, jeans y zápanos deportivos, en una oportunidad llegó hasta hacerse una cola en el cabello, no le causó gran problema y por eso afirma: “hay que vivir siendo pleno y feliz.

El sacerdote y yo.

Con referencia a la pregunta clave de esta entrevista sobre si es posible separar a José Daniel de la figura del sacerdote, respondió muy jocosamente: “Sí y no”, a lo que explicó: “Sí, por un lado, porque el sacerdote se cimienta en un ser humano, un ser simple, pecador, con carácter, con pensamientos, con anhelos, con proyectos… y el sacerdote es aquel que tiene que ser de todos”, más adelante aseveró: “si lo llevamos a la parte humana; el humano siempre actúa como humano, pero el sacerdote tiene que ser imagen de Jesucristo”.


Entretanto, aclaró también: “No, porque ambas van a la par, hay un punto de encuentro entre el sacerdote y el humano, porque Dios llama a un hombre con sus virtudes y sus errores, y el sacerdote es el canal y, aunque ese canal esté lleno de basura, en ese canal se derrama la gracia para convertirlo en un puente entre Dios y los hombres.”


Sin duda, es una aseveración particular y muy llena de humanidad, llena de misericordia en la que Dios hace ver que la gracia, aun medio de las debilidades, es dada a quienes, a pesar de sus limitaciones humanas, se disponen a escuchar y obedecer su llamado. Por eso, este joven Cura, terminó esta entrevista señalando lo importante de conocer la parte humana de los sacerdotes, quien, como ejemplo, hizo una analogía con los artistas, asegurando que todos gozan superficialmente de lo que los artistas ofrecen, pero muy pocos conocen y comprenden lo que está dentro de ellos, así mismo con los ministros de la Iglesia, pues es necesario sensibilizarse de la humanidad con la que viven su ministerio.


Finalizó describiendo su ministerio en tres palabras: música, canto y trabajo; en ello se resume la historia de Pbro. José Daniel Escalona, quien desde las tierras del extremo sur de la Arquidiócesis de Coro ejerce su labor pastoral y abrió su corazón a esta sección del “Sacerdote y yo”, para seguir promoviendo la vocación y el lado humano de quienes son otro Cristo en la Tierra.

Redacción: José Alberto Morillo
Prensa Arquidiócesis de Coro
05 de agosto de 2022